M'hijo el Doctor Florencio Sánchez
Diapositivas
Como un jazmín del país. Carlos Benavídez
LOS ASPECTOS SOCIALES DEL PERÍODO BATLLISTA
Conflictos sociales y sindicalismo
En
nuestro país aparecieron los primeros movimientos sindicales en las
últimas décadas del siglo XIX, como una de las consecuencias de la
llegada de inmigrantes europeos que habían participado del movimiento
obrero en sus países de origen. El sindicalismo es la forma de
organización propia de los trabajadores que constituyen
asociaciones de obreros que se reúnen para promover y defender sus
intereses.
En 1905 se fundó la Federación Obrera Regional y posteriormente se conformó la Unión General de Trabajadores. Paralelamente se formaron los primeros partidos políticos que respondían a la clase trabajadora.
Entre
la primera y la segunda presidencia de José Batlle y Ordóñez se
agudizaron los conflictos entre trabajadores y patrones. En 1911 hubo
cerca de 20 mil obreros en conflicto sobre un total de 40 mil, pero en
1914, con las leyes sociales que el gobierno implementó, el número de
trabajadores afectado por los conflictos disminuyó a 1300.
La situación de los trabajadores
Por aquellos años se denunció la situación de los niños trabajadores de las fábricas de vidrio:
"Falanges
de niños de aspecto triste y enfermizo, vestidos pobremente, descalzos,
trabajando jornadas de ocho horas, soportando una temperatura media de
50 grados, acarreando las piezas elaboradas o cerrando y abriendo los
pesados moldes en un ir y venir fantástico, tiznados y jadeantes (...) y
ya tarde, cuando termina la jornada, al sonar la bocina, salir
extenuados, traspasadas sus ropas de sudor, después de haber realizado
una jornada que a los mismos adultos fatiga enormemente; y todo ello
para ganar 20 ó 30 centésimos a los sumo".
Un
diputado de la época, Emilio Frugoni, fundador del Partido Socialista,
también denunciaba otras situaciones similares: había una fábrica
textil donde había niñas de 10 años trabajando 10 horas diarias por 15
centésimos y muchachos de 15 a 18 años ganaban 40 centésimos por el mismo trabajo.
Los horarios eran muy largos, había jornadas de 15 horas y los panaderos, por ejemplo, trabajaban de 18 a
19 horas diarias. En medio de estas situaciones insostenibles, los
trabajadores comenzaron una ardua lucha por mejorar sus condiciones de
vida y el gobierno presentó proyectos de ley encaminados a
garantizar ciertos derechos básicos.
Las leyes sociales
La ley de 8 horas
En
1911, Batlle, asumida su segunda presidencia, presentó un proyecto de
ley en el cual se reducía la jornada laboral a 8 horas, se prohibía el
trabajo a menores de 13 años, se establecían jornadas cortas para los
menores de 19 años, se le otorgarían 40 días de descanso a las mujeres
embarazadas y, para todos, un día de descanso por semana.
En 1918 se estableció la ley de la silla para que las empleadas, en lo posible, trabajaran sentadas.
Por
otro lado, la situación de los peones rurales era extremadamente
irregular; para tratar de revertirla, en 1923 se fijó en 1923 en 20
pesos semanales el salario mínimo de un trabajador rural.
La ley de indemnización por despido y de prevención de accidentes de trabajo
En 1914, año en que aumentaron los despidos, sobre todo a nivel del comercio por las inseguridades que trajo el estallido de la Primera Guerra
Mundial, el gobierno tuvo que instrumentar una ley para protección de
esos empleados que consistía en abonarles un mes de sueldo cada dos años
de trabajo, así como la obligación de que el patrón les avisara de su
despido con dos meses de antelación.
Otro
de los problemas laborales es el que tiene que ver con el riesgo de la
integridad física de los trabajadores. Según los datos de aquella época
los empleos más peligrosos eran en la construcción, en la herrería, en
la carpintería, en los aserraderos y en las barracas. De allí que ser
impulsara una ley de prevención de accidentes, por la cual las
industrias estaban obligadas a reducir los riesgos.
En 1920 se aprobó esta ley junto con la obligación del pago de indemnizaciones por accidentes.
La ley sobre pensiones a la vejez
Se calcula que hacia 1908 existían 10 mil personas extremadamente pobres, muchas de ellas, mayores de 65 años.
Para
ellos, el gobierno propuso una pensión de 8 pesos mensuales a partir
del aporte de 20 centésimos por cada trabajador mayor de 20 años.
Hubo
una fuerte crítica a esta posible medida puesto que se decía que no
merecía lo mismo un obrero que un "haragán", así que este proyecto, con
algunas modificaciones, recién pudo ser aprobado en 1919.
La extensión de la enseñanza gratuita
La
educación primaria en nuestro país era gratuita y universal desde los
tiempos de José Pedro Vareta, pero no sucedía lo mismo con la educación
secundaria y universitaria.
En
esta etapa de cambios, el gobierno pensó que era apropiado extender el
acceso al liceo porque los nuevos tiempos requerían mayor preparación
por parte de los ciudadanos para conseguir un trabajo.
Otro
asunto que interesaba era el de lograr la igualdad de oportunidades
entre hombres y mujeres, eso nunca se iba a conseguir si las mujeres no
podían estudiar en Secundaria y en la Universidad. Por
un tema de prejuicios sociales, muchas familias no deseaban que sus
hijas fueran a instituciones mixtas (de varones y mujeres) así que,
atendiendo a esa realidad, se fundó la Sección Femenina de Secundaria.
También
se pensó en crear liceos en el interior del país y en 1915 comenzaron a
fundarse los Primeros liceos departamentales: los dos primeros fueron
los de Paysandú y Salto.
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